Alquimia y fosfenismo
ALQUIMIA Y FOSFENISMO
por: Daniel STIENNON

La Alquimia es una ciencia milenaria cuyo fin era crear la «piedra filosofal», un objeto muy deseado durante siglos. Esta piedra era considerada capaz de transformar los metales burdos en oro y, más allá de este polvo puesto a los ojos de los profanos, permitía fabricar el elixir de la larga vida, una sustancia que daba acceso a la inmortalidad.

Relegada como una superstición, la Alquimia tuvo sin embargo su tiempo de gloria y ciertos científicos la estudiaron con atención, incluso la defendieron, como hicieron Leibniz o Newton.

¿Qué relación mantiene la alquimia con el Fosfenismo del Doctor Lefebure? Para comprenderlo hay que estudiar este arte oscuro lleno de símbolos y de falsas revelaciones que servían para proteger el gran secreto de los alquimistas. ¿Esta Piedra filosofal realmente famosa era lo que lo dicen los textos, o los alquimistas se burlaron de sus lectores, como es habitual, esperando que un espíritu más vivo comprendiera sus símbolos y el sentido real de su búsqueda?

En un tratado de alquimia los lectores del Doctor Lefebure verán probablemente ciertas cosas invisibles a los ojos de otros lectores. El sol y la luna aparecen en numerosos textos alquímicos y su importancia es capital pues se mencionan regularmente. Lo mismo ocurre en el Fosfenismo. El Doctor Lefebure otorgó al sol, la primera fuente de luz, un papel primordial pues en el origen de todos los movimientos religiosos o iniciáticos encontramos un culto solar.

La alquimia también habla de la luz astral, literalmente de la luz que viene de los astros. ¿Por qué debía ser tan importante para la consecución de la «piedra filosofal»? ¿Cómo podría ayudar una luz a la producción de una piedra? Parece claro convenir que esta piedra es un símbolo. En el Fosfenismo sabemos muy bien cuál es la importancia de esta luz, y los alquimistas también parecían saberlo…

Más inquietante todavía, en 1557 Roger Bacon alquimista, escribió su famoso Espejo de la Alquimia, una obra que todavía se puede encontrar en las librerías y en cuya cubierta se representa a un personaje captando la luz solar gracias a un espejo para luego dirigir el rayo luminoso sobre su cuerpo. Un ejercicio que nos recuerda ciertas prácticas del Fosfenismo que utiliza los reflejos del sol.

Para los alquimistas, escribe Fulcanelli …los espíritus son unas influencias reales, aunque físicamente inmateriales o inapreciables. Actúan de manera misteriosa, inexplicable, incognoscible, pero eficaz sobre las sustancias sometidas a su acción y preparadas para recibirlos. El brillo lunar es uno de estos espíritus herméticos… (Las Moradas Filosofales, t. 1, pág. 184-189, ed. J.-J. Pauvert, 1973). ¿Y si esa sustancia preparada para recibirlos no era otra que el mismo alquimista? ¡El texto cambiaría entonces de significado! Nos dice que la luz tiene una influencia extraña pero efectiva sobre el cuerpo que lo recibe, tesis que el Doctor Lefebure defiende a lo largo de toda su obra: la luz transforma al ser humano. Otros alquimistas dan a entender que la «piedra filosofal» tiene por objeto transformar al mismo alquimista. El oro es una metáfora de la perfección.

El rompecabezas toma cuerpo. Las piezas encajan unas con otras, percibimos que es más bien una cuestión de luz y de transformación interior ambos, componentes básicos del Fosfenismo creado por el Doctor Lefebure.

¿Los alquimistas habían heredado secretos de los egipcios, como algunos creen? ¿Estos secretos eran de orden fosfénico? Es más que probable…

pierre philisophale


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